martes, 20 de febrero de 2007

Carnaval

Hoy me encuentro descansando de varias jornadas de despelote: Los Carnavales. Acá, en Tenerife, son toda una institución, al margen de polémicas y de más boberías. Tienen una función social muy determinada de servir de catarsis, de desahogo, de desenfreno, de ruptura total de la rutina y otra manera más amena de evadirse de la cuesta de enero.

Recuerdo que de pibe era el único momento del año en el que realmente podía dejar de lado mis trabaderas mentales y poder desahogarme de mis cosas. Por aquella época (diez años ya, casi nada cómo crecemos) la gente bajaba a Santa Cruz por muchos miles más que los que van ahora. Recuerdo ver todos los rincones de la ciudad llenos de gente a reventar, habían decenas de quioscos de institutos y facultades más, muchas más carrozas, más verbenas,... Y gente, mucha, mucha más gente.

Cuando eso no me gustaba, de hecho, odiaba todo lo que fuera salsa y pachangueo. Por suerte, había siempre un quiosco como mínimo que ponía la música que a mí me gustaba. Fue una gran época. Ir para abajo y saber que te iban a poner seguro a Nirvana, Pearl Jam, Rage Against de Machine, Green Day, Red Hot Chili Peppers,.. y otros muchos grupos y canciones más que me era lo que yo escuchaba por entonces. A falta de buenos festivales y conciertos en esta jodía isla de grupos así (porque los grupos locales, la gran mayoría, dejaba mucho que desear...), los carnavales se convertían en la única oportunidad del año de poder disfrutar de mi música como si fuera en directo, saltando y brincando como el que más, empujándonos unos a otros en plan tumulto, moviendo los pelos al ritmo de la música,... Qué gran época, la verdad, qué bien me lo pasé.

Todo esto, claro está, unido a mi gran afición por el disfraz, una institución, pero ya en mi casa, en mi familia, heredada de hacía tiempo. Esto de tener una madre costurera es una gozada para estas cosas. Siempre deseando que hubieran más posibilidades de disfrazarme (sólo una vez hicimos un fin de año como fiesta de disfraces, nos lo pasamos genial).

Ahora pasó la época de la música cañera, del montón de gente por todos lados. También soy mayor y he cambiado bastante. Ahora vacilo con la salsa y el pachangueo como cosa buena, sobre todo cuando estoy con gente que me sigue el vacilón. Muevo las caderas como el que más, cuando antes me negaba a hacerlo. En fin, cosas que pasan,...

Eso sí, la fauna apenas cambia: puretas travestidos con pestañas postizas y los labios morados, grupos de pibas enseñando más carne que disfraz, ídem con musculitos de gimnasio, pandillas de cachondeo con todo lo que se mueva, grupos vestidos de manera temática, la típica persona que ha sido despechada por alguien acompañada de su mejor amistad para consolarla,...

A veces dan ganas simplemente de sentarse y mirar. Resulta tan divertido observar en estos casos. Y ser partícipe, más.

Qué grande es el Carnaval. Que no acabe nunca.

jueves, 15 de febrero de 2007

Generación perdida.

Nuestros padres realmente son una generación perdida. Se encuentran enmedio de los grandes cambios que ahora vivimos. Hay un total desfase entre el mundo en el que nacieron y se criaron, y el mundo en el que vivimos ahora. Fueron socializados en una realidad que ahora es totalmente ajena, en una realidad que se supone que no iba a tener por qué cambiar cuando ellos fueran adultos, que todo se iba a reproducir tal y como estaba predicho, un mundo para el cual ellos, los hombres, estaban preparados para actuar como tales.

Pero no. Resulta que ese mundo para el cual fueron preparados no existe. El mundo de ahora es de cambio constante, existen multitudes de valores distintos, y, sobre todo, existen multitud de distintas respuestas a las mismas preguntas, así como existen hoy en día nuevas preguntas. A ellos sólo les dieron unas respuestas, respuestas que ellos debían aplicar a rajatabla, porque así debía ser el mundo y así debían actuar sobre él.

Este punto de vista estaba absolutamente equivocado desde el principio. Lamentablemente, no podemos volver el tiempo atrás y educar a nuestos padres de distinta forma para que estuviesen realmente preparados para lo que les iba a venir, para darles distintas respuestas posibles a los problemas que les iban a llegar, tarde o temprano.

Se sienten perdidos, no saben lo que pasa. Les enseñaron a tener el mundo bajo control y se les escapa. Ante ello, no saben qué hacer. Muchos se escudan en sus valores, en lo que aprendieron, e intentan imponerlo a la fuerza sobre el resto, tratando de adecuar el mundo real al mundo en el que ellos fueron educados. Sienten miedo, como cualquier persona que se encuentra insegura en un mundo de incertidumbre. El verdadero nuevo mundo les asusta y no saben cómo reaccionar ante él porque no les han enseñado. Unos intentan recuperar el poder perdido, otros con violencia, algunos con estupor, varios con apatía y muchos, simplemente, con depresión,...

Nosotros aprendimos muchos de nuestros padres, tanto de lo bueno de ellos como de lo malo. Somos como somos, para bien o para mal, en parte por su influencia, porque estuvieron ahí (o no, según el caso) desde que nacimos. Pero nosotros no somos los únicos que tenemos que aprender. A nosotros también nos toca enseñar y dar ejemplo. Al igual que nuestra generación aprendió de nuestros padres, eso no quita que la generación de ellos no pueda aprender de la nuestra. De hecho, tiene que aprender, tenemos nosotros, sus hijas e hijos, enseñarles a caminar de nuevo por el mundo que nos y los rodea, a convivir de diferente manera a la que están educados, a relacionarse y comportarse de otra manera,... Están perdidos tanto o más como nosotros. Nos necesitan, y no saben ni siquiera cómo pedir ayuda.

Nadie les enseñó...

domingo, 11 de febrero de 2007

Bienvenid@s

¿Cómo empezar un blog, cuando uno no sabe para qué lo quiere? Gran parte del retraso en el mundo del blog por mi parte se debe a varias cuestiones. Una de ellas era que hace mucho tiempo que dejé de escribir, ya sea un diario o lo que sea. Otra era que no sé para qué utilizar el blog, si para cosas íntimas (tipo diario), para relatos inventados (cosa que no hago, aunque mentalmente sí), para frikadas varias (ya irán viendo que soy algo friki), para exponer artículos o escritos sobre cosas de mi profesión o que me interesen, para hablar de temas políticos, de viajes, etc.

En fin, muchas cosas en la cabeza sobre las posibilidades de un blog que lo que me ocasionaban era que me bloqueara y no hiciera nada. He de agradecer a la niña que me anima la vida, mi novia, que finalmente me animara a empezar. Al carajo los trabes sobre qué escribir, me pongo a ello y punto, que salga lo que salga. Esto podrá ser tanto un caos como algo con cabeza, ya se verá. A ver si tengo constancia, que eso es un gran problema en mí para estas cosas (niña, anímame).

Bueno, creo que un buen comienzo sería hablar un poco de mí. Soy sociólogo con máster en metodologías participativas, mi pasión profesional, entre otras cosas. Soy también el menor de tres hermanos, todos hombres, de la isla de Tenerife, pero a la vez muy cosmopolita y con grandes ganas de viajar y ver y vivir mundo. Me gustan muchas cosas: el arte, el teatro, los juegos de rol y estrategia, historias de ficción y fantasía, las artes marciales, la fotografía, disfrutar de paisajes,... Por eso digo que en este blog puede salir cualquier cosa.

Nada, sólo decir que bienvenida toda persona que venga a parar a este blog, uno de tantos. Espero que disfruten.

;;